poeta inca

“Los poetas no tienen pudor de sus aventuras; las explotan".. —Nietszche. "Afuera nunca compro sueños serios mucho menos si ya son usados. Mis sietes corazones rotos laten bien de frente nunca de costado"

Mes: abril, 2016

La voz de Juan Gonzalo Rose – Poeta Peruano

La voz de Juan Gonzalo

Desde que Don Felipe Pinglo Alva colocara las cimientes de lo que hoy convenimos en llamar música criolla, los poetas, pintores y artistas en general siempre se han mostrado cercanos a ella. Quizá por las noches de bohemia y las inacabables jaranas ensalzadas y, luego, ahogadas en vasos de alcohol o, también, quizá por sus letras sencillas y profundas. En ese territorio habitaba Juan Gonzalo Rose..

Ha de haberse sentido solo y triste el poeta. La memoria parece a veces engañarnos, su dibujo no pertenece al pasado, sino al preciso momento en el cual se existe con todas las cosas que rodean el cuarto y que se encaraman sobre la mesa vacía. Las sombras se proyectan en una luna encendida y el cuadro sobre papel, que el poeta con afecto ha presentido, se consuma. Entonces su voz existe, se abre un camino de luz en cada objeto que adiciona su íntima vibración al espacio, conjugando luego un solo y débil sonido que persiste y que se resiste al olvido. “Tu voz/ tu voz/ tu voz existe”, escribe Juan Gonzalo “Tu voz, tu dulce voz, tu voz persiste” y la repetición, como un veloz canto rodado sobre la superficie del agua, es sincera, es un acto ritual en donde, de tanto nombrar la palabra, se vuelve cierta.

Pero queda la sospecha de que Juan Gonzalo Rose permanecerá en la memoria popular no por su labor poética, apuntalada por excelentes libros de poesía —12 en total—, sino por sus contados valses llevados por magnéticas ondas hasta recintos extraños donde nuevamente se ve renacer su sombra serena.

Juan Gonzalo, poeta, comunista, bebedor y solitario, no nació en Tacna, sino en Barrios Altos, cuna del criollismo limeño que alguna vez se imaginó como la suma de las identidades en el Perú. Juan Gonzalo, tierno niño tacneño —porque vivió allí sus años de infancia, los mejores, lo decía con orgullo— había vuelto a Lima para terminar sus estudios y así lo hizo. Ingresó a la Facultad de Letras de San Marcos y, como todo joven por aquella época, tomó posición política. Eran tiempos de posguerra, de luchas contra el fascismo, tiempos del general Manuel Apolinario Odría, a quien los intelectuales le causaban urticaria y que exilió a un gran grupo de librepensadores hacia tierras mexicanas. Allí Juan Gonzalo estuvo con Gustavo Valcárcel entre otros camaradas peruanos, conoció a Fidel Castro y el Ché Guevara, con quienes estuvo apunto de embarcarse en el yate Granma, ese que en 1956 desembarcó e inició la revolución cubana. César Lévano, amigo del poeta, recuerda que en una conferencia éste dijo “fracasado como guerrillero me dediqué a bohemio” y así lo hizo, porque se ha de saber que cuando un poeta dice algo, lo hace de inmediato.

Y Juan Gonzalo de puro bohemio, de puro triste y romántico, se hizo involuntariamente una imagen de trágico, depresivo, oculto en el silencio de su cuarto. No debiera hablarte de estas cosas. / Debería decirte: / La mañana es bella. / La tarde es bella. / La noche es bella. / Y al escucharme, / tú sonreirías”. pero nadie sonríe viendo tanto dolor tallado en un solo hombre. Lo comprueba con creces César Hildebrandt quien en 1980 lo entrevista. ¿Alguna vez usted ha sido feliz, Juan Gonzalo? pregunta Hildebrandt. No, no he conocido lo que es la verdadera felicidad.

No obstante, su labor como compositor era otra “Yo quiero que mis valses los cante el pueblo.” había dicho. Y en el canto popular siempre habrá algo de algarabía, de vulgar desborde, innato en la música criolla; por eso es jarana, por eso vibra la guitarra, traquetea el cajón y se canta, la gente canta. Más de 25 años después de su muerte, los valses de Juan Gonzalo Rose permanecen inalterables en el imaginario del pueblo. Tu voz, tema interpretado en un principio por Tania Libertad, cónyuge estacionaria del poeta, y llevado a la sensiblería popular a través de la siempre joven Lucha Reyes, es un himno para el solitario, para quien puede en la soledad, oír voces.

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Existe. El poeta más criollo junto a Tania Libertad (Foto: Carlos Domínguez)

El vals Tu voz, escrito en medio de su agonía e interpretado por Tania Libertad.

TU VOZ* Vals

Juan Gonzalo Rose – Víctor Merino

Está mi corazón

llorando su pasión, su pena

y la antigua condena

escrita por los dos

Afuera creo ver

tu sombra renacer serena

bajo aquel mismo sol

que un día te llevo tu voz

Tu voz, tu voz, tu voz

tu voz existe

Tu voz, tu larga voz

tu voz persiste

Anida en el jardín

de lo soñado

inútil es decir

que te he olvidado.

Juan Gonzalo triste, sirviéndose en el más criollo de los rincones un vaso de cerveza. Cuántas veces el Bar Palermo o El Juanito lo habrá visto caer de tanto dolor, de tanta poesía inacabada estallándole en los ojos. Cuantas veces recordaremos su nombre, su voz, su dulce voz que ahora existe, porque se ha de saber que cuando un poeta dice algo, ese algo, de inmediato, existe.

El tema del amor es inherente al ser humano y, por esta razón, es universal en la poesía. Pertenece a todos los lugares del mundo y a todas las épocas de la existencia humana. Creemos que, en ese sentido, su origen tiene el mismo misterioso origen del lenguaje:Nace con los primeros impulsos verbales, en un afán inevitable de comunicación. Se vive y se muere intensamente, envueltos en el amor.
Juan Gonzalo Rose (Tacna, 1928-Lima,1983)
Poemas:

CARTA A MARIA TERESA

Para ti debo ser, pequeña hermana,
el hombre malo que hace llorar a mamá.

Yo me interrogo ahora
¿por qué no he amado sólo
las rosas repentinas,
las mareas de junio,
las lunas sobre el mar?

¿Por qué he debido amar
la rosa y la justicia
el mar y la justicia,
la justicia y la luz?

Fui un niño como todos.
También mi infancia
la atravezaba un río
y tenía una hora misteriosa
en la cual las palomas
a mi alma obedecían.

Pero me preguntaba
¿por qué en mi calle
la alegría es un viento
fugaz e inesperado?,
¿Por qué no siembran trigo
también sobre mi pecho,
si aquí en mi corazón,
todas las noches
se desbordan los ríos?

Por eso fue la noche
el rostro de mi madre,
astro de cera y llanto
en el cielo apagado de mi celda;
por eso me negaron
el Perú en mi desvelo,
y vanamente grito:
devolvedme mi patria,
devolvedme mi escuela de palomas,
mi casa frente al mar,
devolvedme su calle más pequeña;
su lámpara más rota,
su más ciego lugar.

A pesar de todo esto,
para ti debo ser, pequeña hermana,
el fantasma que vuelca
la sal sobre la mesa,
el mal hado que rompe
las puntas de los días:
y es que a ti te hace daño
ver llorar a mamá .

Mas una tarde, hermana,
te han de herir en la calle
los juguetes ajenos;
la risa de los pobres
ceñirá tu cintura
y andando de puntillas
llegará tu perdón.
Cuando esa hora suene
es que amarás las rosas,
las mareas de junio,
el jardín de diciembre
donde los niños van;
es que amarás mis sueños
y mis cosas,

¡Sabrás por qué se rompe
fácilmente
por la mitad el pan!

Cuando esa hora suene
y se empadrine en mi padre mi orfandad,
iremos de la mano
por las calles de Lima,
en trinidad de gozo:
la risa de mamá.

PRIMERA CANCIÓN

No he inventado ninguna melodía.

Los que amaron dirán:

“Conozco esta canción…

y me había olvidado de lo hermosa que era…”

Y habrá de parecerles

la primera

canción con que soñaron.

GEOGRAFÍA IMPLACABLE

Mi corazón limita con el mar,

por las noches;

con tu amor,

por mi cuerpo.

Entre islas fragantes y tus manos pequeñas

mi distancia se extiende.

A veces en los vientos marineros me pierdo,

a veces en los actos de tu vida

me encuentro.

A veces yo confundo tus brazos en la sombra

con un blanco archipiélago,

a veces en tus ojos diviso el mar abierto.

Si me ausento no vayan

a las altas montañas:

buscadme entre las algas de la mar más cercana,

o en los bosques de sombra que derrama su pelo.

Si me muero, buscadme

en las altas montañas.

Cual un ave sombría

me hallaréis en la nieve

largamente dormido.

Sin saber si me han muerto de la mar las nostalgias,

o la gran marejada que desata su olvido.

QUINTA CANCIÓN

Por tu ventana dormida

entra una rama de cielo;

en esa rama hay un trino;

en ese trino, un secreto.

Si te lo digo despiertas.

Y si despiertas, no puedo,

por tu ventana dormida

entra mi rama de cielo…

LAS CARTAS SECUESTRADAS

Tengo en el alma una baranda en sombra.
A ella, diariamente me asomo, matutino,
a preguntar si no ha llegado carta;
y cuantas veces
la tristeza celebra con mi rostro
sus óperas de nada.

Una carta.
Que me escriba una carta la que me hizo
los ojos negros y la letra gótica,
que me escriba una carta aquella amiga
analfabeta de pasión cristiana;
duraznos de mi tierra: que me escriban,
y redacte una carta pequeñita
mi hermana abecedaria y pensativa.

Muertos los de mi infancia
que se fueron
dormidos entre el humo de las flores,
novias que se marcharon
bajo un farol diciendo eternidades,
amigos hasta el vino torturado:
¿No hay una carta para Juan Gonzalo?

Si no fuera poeta, expresidiario,
extranjero hasta el colmo de la gracia,
descubridor de calles en la noche,
coleccionista de apellidos pálidos:
quisiera ser cartero de los tristes
para que ellos bendigan mis zapatos.

Que los cojos me narren su muleta,
y el enfermo me cuente de su almohada,
y me pidan prestada mi sonrisa,
pero en carta de amor certificada.

El día que me muera: ¿en una piedra?
el día que me duerma: ¿en una cama?
que me llenen de cartas la camisa
para asfixiarme de palomas blancas.

También de palomar se muere un hombre,
cuando sabe vivir por una carta.

TU PERDICIÓN – VALS CRIOLLO.

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Tu Perdición, vals criollo del Perú. La versión original de este vals de Augusto Polo Campos y estrenado por Los Troveros Criollos (Lucho Garland, Pepe Ladd y Humberto Pejovés) en 1957. 

Esta grabación de Los Troveros Criollos, perdida luego de la separación del grupo en 1961, es recuperada en un excelente cover, que hicieran mucho después el inolvidable Arturo Zambo Cavero y Oscar Avilés. 

Tu Perdición pertenece a la época de oro de Augusto Polo Campos, como compositor.

Tu perdición de Jorge Pardo http://www.deezer.com/track/92586590

El audio que acompaña esta interpretación pertenece a Jorge Pardo cantautor peruano, está canción esta incluida en su último disco en Homenaje a los grandes de la música criolla como son Arturo Zambo Cavero y Oscar Avilés. 

TU PERDICIÓN – LETRAS

En un rincón del arrabal la vi rodar 
y sus ojitos verde mar tenían huellas de llorar. 

Marchita flor que ya perdiera su color 
por un capricho del amor que la dejó en la perdición. 

Sola quedó desamparada y sin amor, 
y sólo Dios sabrá si tiene salvación. 

Y en un rincón del arrabal tendrá que estar 
su corazón no puede amar, ha de morir sin olvidar. 

Tan sólo yo que la quería y la adoré, 
al verla así también lloré, como la noche en que se fue.