TROVADORA, UNA VOZ QUE LLENA DE VIDA (A SARA VAN)

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¿Qué me vas a cantar? Alegorías colgadas en pentagramas sonoras; notas que brotan como milagro en tu boca, fuego que enciende la ola. Mi pequeña trovadora sustancial.  En realidad, sólo escribo para recordarte la importancia de mi silencio. Pues anhelo que descubras el mensaje que se encuentra detrás de mis palabras. Asistiré a tu recital de campos, arcoíris y flores pintadas con crayolas de párvulo. Y aplaudiré tu éxito. En mi necesidad de escuchar lo que quisiera escuchar de ti por satisfacer las necesidades de mi propio existir, silencio y soledad.  El arte por el arte mismo y mi vacío no tenga nada que ver con tu decir.

“La vida es un canto a la belleza, una convocatoria a la transparencia.” Entonces, busco verdades en tus melodías que sólo concibes para regocijarme y hacer menos silencioso mi destino y el de los demás que te escuchan sin pedir nada a cambio, y sólo apaciguar sus propios silencios, pintándolos de esperanza al entonar tu belleza y nada más. Pienso. Mi pequeña trovadora de campos de arco iris y flores pintadas con crayolas para no denostar la vida. Buscar la belleza en la inevitable crueldad del existir. Cadencias melódicas para no desistir. Quiero pensar entonces, que de eso se trata las trascendencias de tu pentagrama. Artesana de Esencias Primarias, de rebelión, verso y palabra. Qué en Tiempos Duros, ingente haces tuya la demanda, el despliegue de los cantos libertarios, que entonas en rebeldía aquella insurrección natural, de esta vileza sociedad; con sus pautas infringidas, con sus normas, que oprimidas, de pedazos se aniquilan…Entonces nuevamente expresión que en la batalla, tus ojos un ciclón; poesía en movimiento. Tú que no te abandonas a la maldad del mundo sino que te levantas y de a pocos vas cambiando insignificancias, hasta pelear por cambiar trascendencias, porque hay trovadoras como tú que llenan silencios con belleza que demuestran que no hay que perder las esperanzas. Me alisto para asistir a tu recital de semillas para sembrar un bosque. Y debo entender que sí necesito de esa parra o taparrabo que lanzarás a los desposeídos como yo.  La belleza que hay en la verdad de tus versos, sin saberlo tú, me resucitará de mi muerte en vida y podré verme en el espejo otra vez, con esperanza. ¿Volveré a ver campos de arco iris y flores pintadas con crayolas desde mis ventanas al renacer? Tiempo al tiempo. Ahora ¡Silencio! Las luces del teatro se apagan y el escenario se enciende. Las cortinas se parten por el medio y se recogen deslizándose a los lados. Tu presencia crea la expectativa; tomas aliento y bebes una copa de ambrosía.

El vino embellece tu alma,

te da la chispa apropiada,

te presientes más hermosa;

y lucen eternos tus ojos,

desnudada y anudada,

asomada entre pinares.

Tu gesto;

en el vino, una diadema,

en la luz, un verso eterno,

en penumbra, una quimera,…

Veo tus labios entreabrirse y la melodía de tus primeros versos escapa incluso a tu voluntad. Ahora le pertenece a tus fieles acólitos que embelesados te escuchan. Yo me convierto en guerrera primitiva y en cazadora de mi propia muerte pues me darás la vida después de tu última estrofa. Confío en el poder de tu belleza y me desangro a voluntad. Te escucho y me acomodo en mi butaca.  Tu verbo hace luz,  al sonido de mis Párpados.  Mis ojos ven dibujados tus versos con crayolas de colores de arco iris.  Palabra por palabra, comas y puntos, en cada inflexión de tu voz al decir. Sonrío, cerrando los ojos y dejándome ir; creyendo, al menos, despertar en tus campos. Esperanzada en el renacer, por la mágica potencia de tu voz.

Y ahora mi alma suena

a una eufonía

que  me vence,

y ahora mi alma siente

como una estrella que emerge.

Mis canciones no tienen más mérito que el personaje que está en ellas” – Chabuca Granda
Sara Van-Cardo O Ceniza